Qué
dulce es reanudar
el misterio que
encierran tus labios,
despacio, pretendiendo descubrir el viento
que sobresalta y despierta
mi pecho en tu pecho,
lecho de olas,
travesía mullida de deseos,
de desahogos frente al mar
de nuestra desnudez.
No caben palabras,
ni lo intentamos,tan solo se escucha
el aleteo de las sombras
zambullidas en el aire,
presagio azul del amanecer.
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Hasta mañana, si Dios quiere.
Imagen de Anabela Sequeira. Gracias









