lunes, 22 de noviembre de 2010

Inmortal...




Sobre mis labios te tendiste,
y fui noche de día en la cuenca
de tu cuerpo vasto.
Ingrávidos bailamos las horas,
mientras un sueño crecía
en la tempestad de tu sonrisa.
–Te amo- me dijiste,
y la espada de tu luz se instaló,
inmortal, en mi alma.

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Hasta mañana, si Dios quiere.

Imagen de Ron Jones. Gracias

5 comentarios:

José Del Moral De la Vega dijo...

Este poema, Angélica, es tan sutil, tan lírico, que parece que estuviera hecho para cantar.
Un abrazo

fgiucich dijo...

Es bueno regresar y sumergirse en un poema que se desliza en un tobogán perfumado. Abrazos.

Mariano de Toledo dijo...

Que narrativa mas potente, me hiciste sentir, oler, tocar y volar...mil besos...

esteban lob dijo...

Por lo visto esa espada de luz resulta indomable.

Cariños.

Javier Herque dijo...

Hay lugares junto a los que sentirse inmortal…en un poema tuyo, en el alma de una sonrisa, en el contraluz de las horas encerradas en una caja de música.

Beso