
Sobre mis labios te tendiste,
y fui noche de día en la cuenca
de tu cuerpo vasto.
Ingrávidos bailamos las horas,
mientras un sueño crecía
en la tempestad de tu sonrisa.
–Te amo- me dijiste,
y la espada de tu luz se instaló,
inmortal, en mi alma.
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Hasta mañana, si Dios quiere.
Imagen de Ron Jones. Gracias