
Existe un atardecer único, aquél que dibuja en el cielo reflejos naranjas, entre nubes rojizas y destellos marrones.
Mi madre siempre me decía que ese atardecer tan bello era la antesala de un amanecer radiante y soleado.
La otra tarde, como un regalo a mis ojos y a mi corazón, disfruté de un momento mágico, al contemplar ese cielo cubierto de tonos cobrizos.
Al contemplarlo, me invadió un pensamiento que os comparto.
-Si algo tan perfecto y hermoso como este cielo lo podemos ver, pero no tocar, y sabemos que existe porque nos extasiamos al estar frente a él, y podemos sentir este éxtasis en nuestro corazón, ¿puede el amor, de la misma manera, ser una realidad, aunque no lo veamos ni lo toquemos, y sólo lo sintamos en el alma, muy dentro, como una continuación de nuestra existencia?-
La respuesta no la pude razonar amigos queridos, solo escuché su murmullo en el silencio de mi corazón...
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Os deseo a todos unos días muy bellos, de recogimiento, de santa paz y de amor.
Volveré con ustedes al terminar la Semana Santa, con el favor de Dios.
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Hasta mañana, si Dios quiere.
Imagen de Alex Matev. Gracias