
La letra S, sin saberlo siquiera, sella el silencio soterrado en el bullicio de un secreto: la soledad acompañada con un rayo de sol, pero no del sur, como se piensa, sino de un sitio lejano, sumido en el alma, sin sal ni arena, como si Svalbard me otorgara el paraíso de un sueño sosegado a base de sonetos de mar, de siluetas encallecidas con sentimientos salitrosos, con ecos secos plasmados en la silueta de una lejanía sin conquistar, carente del sentido único y fehaciente de volar… Amar…
La letra S siempre calla… engendrada en el suspiro susurrante de un segundo en tu ser…
Lo sabes bien... a contraluz.
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Hasta mañana, si Dios quiere.
Imagen de Andrzej Pradzynski. Gracias